Los manzanos (Malus domestica) cargan con el estigma de haber sido partícipes del pecado original, el fruto prohibido. Tanto para judíos como para católicos y musulmanes, Dios, luego de crear a Adán y más tarde a Eva a partir de una de sus costillas, decidió someter a prueba la fidelidad y obediencia de ambos desafiándolos a alimentarse de todos los árboles del Paraíso, menos de uno.
La serpiente parlante, representante del mal, tienta a Eva, quien acaba comiendo del fruto prohibido: una manzana. Luego, Eva le da de comer a Adán, y como resultado de ambas decisiones, los dos terminan siendo expulsados del Paraíso, lo que se ha conocido como el pecado original en la doctrina cristiana.
La pobre manzana desde entonces quedó ligada a un pecado del que era, por supuesto, totalmente ajena. Para colmo, la interpretación de que era la manzana el fruto prohibido resultó consecuencia de una traducción errónea de los textos sagrados al ser vertidos del hebreo al latín vulgar.
La traducción había sido encomendada al clérigo Jerónimo de Estridón, quien en el año 382 d.C. recibió del papa Damaso I la orden de redactar lo que después se llamaría la Vulgata, una versión de la Biblia –vertida al latín– para el pueblo llano.
El problema de Jerónimo era que no dominaba el hebreo. Para aprenderlo, se fue a Belén y tardó unos 15 años en traducir los textos originales. No obstante, cometió varios errores, entre ellos el de considerar al pobre manzano el árbol de cuyos frutos Adán y Eva tenían prohibido comer. La confusión de Jerónimo surgió al asociar el sustantivo "malus" con el que se designa al manzano con el adjetivo "malus" que se traduce como malo.
En defensa de Jerónimo, hay que admitir que no la tuvo fácil: el término 'malus' también se refería en aquellos tiempos a toda fruta que contuviera semillas, de manera que bien podría haberse inclinado por la manzana como por la pera o el durazno (albaricoque).
Se desconoce el origen exacto del manzano. Algunos investigadores señalan que procede de las montañas del Cáucaso, mientras que otros indican que el Malus sieversii es una especie silvestre que crece en las regiones montañosas de Asia media y podría ser el manzano del que se habrían originado hace 15.000 ó 20.000 años las primeras especies cultivadas de este árbol. En el siglo XII antes de Cristo el manzano era cultivado en los fértiles valles del Nilo en tiempos del faraón Ramsés III. El manzano fue introducido en Europa por los romanos y los árabes y en el siglo XVI los conquistadores españoles extendieron su cultivo en América, desde donde se extendió posteriormente a África septentrional y Australia.
Actualmente hay más de mil variedades de manzanos, aunque en el mercado de consumo apenas se puede acceder a una media docena de variedades.
En cuanto a los manzanos ornamentales, surgieron de sucesivos cruzamientos en busca de una mejor floración, en desmedro del fruto. Existen muchas variedades ornamentales que merecen ganarse un lugar en nuestros jardines. Uno de los más destacados es el Malus floribunda Profusion. Se trata de un manzano de porte pequeño (rara vez supera los 4 metros), que crece compacto y tiene una belleza que corta el aliento. Sus flores, de color carmesí, cubren enteramente la planta antes del nacimiento de las hojas, dando un espectáculo bellísimo. Luego, la brotación de sus hojas es de color púrpura, que virará rápidamente al verde y cobre durante la primavera y el verano. Es un manzano que bien se merece un lugar en el Paraíso.